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CULTURA – CORTE Y CONFECCIÓN

¿Qué papel debe jugar la cultura y el arte en la actual coyuntura política y económica de crisis?  Es la pregunta que recientemente se lanzaba a doce expertos del mundo cultural,
reunidos en torno al grupo de Trabajo Team Culture, en el marco de la presidencia
danesa de la Unión Europea.  En este mismo sentido, el mes pasado, reconocidos creadores y representantes del mundo cultural, – entre los que se encuentra Pere Portabella ó Rem Koolhas, dirigieron la petición a la Comisión Europea sobre el papel fundamental que debe jugar la cultura para establecer puentes entre la ciudadanía europea.

Ya  durante la Presidencia Española de la UE se acordó en señalar que existen vínculos evidentes entre cultura, creatividad e innovación al progreso social y económico –Council conclusions on the contribution of culture to local and regional development 3013th EDUCATION, YOUTH AND CULTURE,Council meeting Brussels, 10 May 2010)

El sector cultural europeo ya  ha comenzado la movilización, a través de la campaña We are more, solicitando  que se refleje en los próximos presupuestos de la UE el valor que la cultura aporta a la construcción europea, tanto desde un punto de vista simbólico y social,  como desde  el  económico. No en vano, las industrias culturales y creativas representan 4,5% del PIB europeo y supone  el 3,8 % del empleo total.

En España se está tomando la dirección contraria. El  pasado 1 marzo, el nuevo Secretario de Estado de Cultura,  José María Lassalle, declaraba en el País las principales líneas de actuación en materia cultural que se van a abordar en un periodo de grandes dificultades  para el sector.

Estas primeras decisiones ya se han materializado en la conversión del Ministerio de Cultura en Secretaría de Estado, -desligándola así de su condición  transversal-, y la más que previsible reducción presupuestaria en los próximos Presupuestos Generales del Estado, alrededor del 25 %. En las  comunidades autónomas, esto ya es una realidad;  las reducciones se han aplicado de forma drástica llegando en algunos casos a más de la mitad, caso de la Región de Murcia.

Estas situaciones cobran especial relevancia si tenemos en cuenta que alrededor de un 80% del gasto cultural se realiza desde  los ayuntamientos y las propias CC.AA.  Las consecuencias de estos recortes ya se han visto reflejadas en cierres, ceses de programación, y despidos de los técnicos a cargo.

Ante esta situación, el Gobierno confía la mayoría de la financiación  a una posible Ley de Mecenazgo y beneficios fiscales.

El problema es que a través de esta ley difícilmente se podrá obtener financiación suficiente, teniendo en cuenta el contexto de crisis económica, y también el poco recorrido, tradición y general desconocimiento por parte del mundo de la empresa. La impresión es  que sólo saldrán beneficiados los grandes buques insignia de nuestra cultura, pero que afectarán muy poco a aquellas apuestas más innovadoras que necesiten un apoyo sincero en confianza, planificación y  recursos.

En este sentido, el año pasado la Fundación Alternativas presentó el Informe ICE , en el cual se identificaba las dificultades y las propuestas de futuro de los distintos sectores culturales, en las conclusiones del informe se remarcaba la necesidad de impulsar  políticas de estado,  no sólo legitimas,  sino imprescindibles para el sostenimiento  de la diversidad cultural y el fortalecimiento del tejido económico, así como  la necesidad de establecer una implicación real y comprometida de la sociedad española, de sus gobiernos y  empresas en la defensa de la cultura.

Para poder dotar de contenido a estas Políticas de Estado  es necesario que el sector cultural se movilice para demostrar tanto a los  decisores políticos como a la sociedad,  la necesidad de dotar con recursos suficientes a estas políticas, que permitan desarrollar líneas de trabajo que abarquen entre otras: la educación, desarrollar las condiciones adecuadas de trabajo de los creadores, así como establecer canales que fomenten  la interrelación entre pensamiento creativo y  empresa.

Es por tanto necesario sacar al menos una lección aprendida de esta crisis: que es necesario desarrollar nuevos modelos de crecimiento impulsados desde la sociedad del conocimiento,  entendiendo el valor real, añadido y transeversal que aporta la cultura – no como gasto público sino como inversión – fomentar las capacidades del pensamiento creativo e innovación, y acercarnos con confianza y no como amenaza a  las oportunidades que nos ofrece el entorno digital.

Así, la aparente perdida de confianza y de credibilidad por parte de la ciudadanía, solo puede restaurarse a través de lo único que de momento nos queda: LA CULTURA

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Esta entrada fue publicada en febrero 29, 2012 por en Recortes y etiquetada con , , , .

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