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UN PASITO PALANTE MARíA

Ante el hundimiento

Maria Miller, la Secretaria de Estado de Cultura del Reino Unido, ha encendido las alarmas en su país   (una vez más), al hablar, de una manera clara y sin tapujos, sobre cuál es la postura futura que tomará el gobierno conservador con respecto al arte y por extensión a la cultura, en una conferencia para gestores culturales en el Bristish Museum de Londres.

La palabra que ha utilizado para designar el cambio en la concepción de la cultura es “commodity”, lo que traducido al español puede entenderse como “mercancia”. Una idea de cultura que en los países de tradición francesa como España, nos horroriza por mucho que se nos diga día sí y día también que este es el futuro. María Miller ha tardado siete meses en reunirse directamente con el sector, así que nos gustaría después de 16 meses, ver al Ministro Wert, en algún encuentro con el sector, más allá de sus comparencias en el congreso o en los discurso wikipedicos de gabinete como el de la entrega del premio Cervantes, hablando, también sin rodeos, del futuro de la cultura en nuestro país.

Siguiendo con María Miller, ésta  explicaba la situación del siguiente modo. “En una época de austeridad  de tiempos difíciles, nuestro foco debe ser el impacto económico de la cultura…Debemos demostrar los beneficios que aporta la inversión para que esta se siga manteniendo

Estamos confundidos pensando- sin ir más lejos- en la gala de inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres donde se mostraban los grandes logros hacía el exterior de Reino Unido. Esta ceremonia reflejaba de una manera muy clara temas como el trabajo desde las charities, los iconos de la cultural inglesa y la exaltación de la diversidad cultural. El tweet del Tory, Aidan Burley calificando la ceremonia de apertura de los JJOO de “multicultural crap”, es decir “basura multicultural”, nos podía haber dado una pista del verdadero interés detrás de estos valores que se querían exaltar…También el papel de la NHS (la sanidad pública) fue destacado en la ceremonia a la vez que la recortaban y privatizaban…Así que ahora, no nos tendríamos que asustar, pero lo estamos. Una vez escuchadas las palabras de la Secretaria de Estado de Cultura, nos hemos dado cuenta de que todo consistía en u na maniobra de exaltación de la rentabilidad de la industria cultural y su aportación a las arcas del Estado británico.

Esta situación viene tomando forma en el Reino Unido desde hace unos cuantos años- no como en España que todo se quiere hacer de golpe- con la progresiva reducción tanto en la dotación económica como de medios y personal en el Arts Council, la desaparición del arte y creatividad de las actividades curriculares y la supresión de gran parte de las ayudas a todo el entramado de  charities que trabajan con el arte y la cultura como actividades centrales para la integración de sectores de  la sociedaden peligro de exclusión.

Maria Miller ha dado un paso más adelante – quizá mejor hacia atrás- dejando claro a los despistados – que como comentábamos de Thatcher hace una semana – el tipo de cultura que les interesa es solo aquélla que es capaz de conseguir financiación privada. La rentable, la que no toma riesgos. En esta línea, las organizaciones culturales, museos y demás organismos sin ánimo de lucro, dedican ya más presupuesto y recursos a su departamento de fundraising, relaciones públicas y marketing, que al de conservación de sus colecciones, a la investigación, o a la educación, olvidándose del fin por la que fueron creadas.

Esta situación está causando una competencia  feroz, y sólo las más grandes sobreviven. Esto es un “sálvese quien pueda”, declaraba el Director de un importante museo español y es que en España, este modelo de política cultural, es la que se está imponiendo, sin ir más lejos, dentro de la estructura que rige el concepto Marca España.

El truco para realizar este tipo de “política cultural”, explicado de una manera sencilla es el siguiente: no hay dinero, los recortes en cultura son necesarios y por tanto las organizaciones culturales necesitan lanzarse a la búsqueda de financiación privada. En esta búsqueda de financiación las organizaciones culturales deben ofrecer a los inversores beneficios exclusivamente tangibles desde un punto de vista económico (publicidad, imagen de marca, posicionamiento estratégico etc ); mientras  tanto el Estado se va retirando y abandona a su suerte parte de sus obligaciones, como es la de velar por la creación de una sociedad más justa e igualitaria, imposible de construir sin la cultura como eje vertebrador.

¿Qué significa esta nueva postura ante la cultura? La excusas pueden ser económicas, el fondo, siempre es ideológico. Como decía la directora ejecutiva del Roundhouse, Nicola Thorold, en el The Guardian, el debate de la inversión pública en cultura es mucho más profundo que lo económico, “se trata de  qué tipo de sociedad, que tipo de mundo es en el que queremos vivir”.

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Esta entrada fue publicada el mayo 8, 2013 por en democracia, Recortes, Unión Europea.
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