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EUROPA EN LA REDISTRIBUCIÓN CULTURAL DEL PODER

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* Artículo publicado originalmente en el Blog de la Fundación Alternativas en El País (7–04-2014)

No deja de sorprender la brecha entre el discurso político y la acción política…En el caso de Europa esta brecha la está desangrando. El pasado 3 de marzo, en un discurso en Berlín, afirmaba Durao Barroso que “una cosa es hablar de cultura en Europa,  otra es aceptar que la Unión Europea como tal, con sus instituciones, tiene también un significado cultural,… es algo más que un mercado”. Sin embargo, la financialización de la vida (política) en Europa es evidente especialmente si analizamos las políticas culturales que empiezan a dibujarse y que inciden en la función de la cultura a nivel internacional.

A mucha gente le parecerá frívolo referirse a la cultura en estos tiempos que corren, pero la cultura importa. En un informe emitido por la OTAN en 2010 se subraya que en el futuro próximo, “los conflictos van a tener un carácter fundamentalmente cultural o religioso”...Ya tras los atentados del 9/11 – como señaló E. Montiel- “fue sorprendente advertir cómo las interrogantes se dirigían hacia la cultura, para buscar allí –y no en la política o la economía– las respuestas y las claves para comprender lo ocurrido”. Y en clave cultural pueden explicarse también la mayoría de los conflictos actuales (y de larga duración) que azotan al mundo en la actualidad. Así que sí, la cultura es fundamental en las nuevas relaciones internacionales.

La idea de “gubernamentalidad” de la que hablaba Foucault y que hizo que los Estados vieran necesaria su intervención en diversos aspectos de la sociedad como la cultura, se encuentra en decadencia en esta Europa en la que el desmantelamiento del Estado de Bienestar está generalizándose. Las políticas de esta segunda ola neoliberal van afianzando la “cultura de circulación” – a la que se refieren Lee y LiPuma en su imprescindible artículo sobre la modernidad- debilitando progresivamente la estructura clásica de la nación que poco a poco pierde capacidad de acción y reacción, sustituyéndola por una estructura más cosmopolita.

La diplomacia cultural está de moda y el creciente interés que suscita, deja entrever la gran paradoja de la  cultural que se fomenta desde posiciones neoliberales. Lo internacional, lo global, sustituye a lo nacional.Las fronteras se desvanecen para todo -menos para las personas a las que parecen les vuelven a querer poner obstáculos- y las políticas culturales retornan a sus orígenes. A nivel interno, los Estados abandonan la responsabilidad de cubrir las necesidades culturales de sus ciudadanos en manos de “benefactores privados” y trasladan su preocupación (de lo nacional) a lo internacional. Los Ministerios de Cultura ya han desaparecido en muchos países y los Ministerios de Asuntos Exteriores toman el control ganando así la vieja batalla por las competencias. Sus diplomáticos asumen el mando con orgullo y trabajan ahora en la creación de la “marca” del país, al modo clásico de promoción de las virtudes y maravillas del mismo, basando la acción en una comunicación unidireccional. Se afanan éstos en la captación del turismo internacional y el mantenimiento de las buenas relaciones…mientras los países se desmoronan por falta de confianza en sus gobernantes, en los de los demás y en Europa…Pero además, a la ecuación clásica se añade una nueva variable propia de un mundo globalizado: los llamados BRICS, países que se aproximan “amenazantes” al nivel de la potencias clásicas. La competencia aumenta, se abre de nuevo la lucha por una mayor presencia e influencia en el mundo que definirá las próximas décadas. Europa tiene miedo y con razón. Sólo desde 2004, China ha establecido más de 300 Institutos Confucio alrededor del mundo y Rusia ha iniciado una campaña para impulsar la creación de más Institutos Pushkin con un presupuesto de casi 50 millones de dólares… Mientras que los países europeos recortan, la inversión pública en cultura por ejemplo en China ha crecido más de un 20% desde el 2007 y para el 2015 se espera que la aportación al PIB de la cultura alcance el 5.6%. Los BRICS ya se han dado cuenta de la importancia de la cultura e invierten en ella.

La Unión Europea siente – como es natural- que el poder adquirido tras las sucesivas oleadas de políticas coloniales ahora se desvanece, su influencia se diluye. Para evitar quedarse atrás la U.E. prepara en la actualidad una estrategia conjunta sobre el papel que la cultura debe desempeñar en sus relaciones exteriores (http://cultureinexternalrelations.eu). Junto a algunos investigadores independientes y consultoras como KEA, varios institutos de cultura nacionales de países miembros de la U.E.- entre ellos el British Council del Reino Unido, país tan poco amigo de Europa- participan en la preparación de esta estrategia de “reconquista” europea . Todo este esfuerzo llama la atención teniendo en cuenta que la cultura sigue siendo a día de hoy una de las competencias “de apoyo” (artículo 6 del TFUE) de la U.E. Lo que está en juego, evidentemente, es muy importante. Sin embargo, tengo la sensación de que una vez más y aunque se gobierne en su nombre, poco se está teniendo en cuenta a los ciudadanos y sus necesidades reales. Poco podemos hacer al respecto. La fluidez de las relaciones contemporáneas, el mundo virtual en el que vivimos, dificulta el deber ciudadano de pedir cuentas a los responsables de la deshumanización de las políticas, cabezas virtuales que tejen desde un lugar incorpóreo el destino de tantos millones de personas…

Me consuela saber, que es en este mismo mundo hiper-interconectado, donde las nuevas tecnologías permiten la comunicación inmediata de un punto a otro del globo, donde todos y cada uno de nosotros somos potenciales creadores de imagen del país, de una institución…Y es una ventaja que debemos utilizar en nuestro favor y que los gobernantes – quienes quiera que sean políticos o corporaciones, multimillonarios desconocidos o multinacionales – no deben olvidar.

Y cierro como empecé este comentario, con una frase de Durao Barroso- el mismo que tachó a Francia de reaccionaria por su defensa de la excepción cultural– de su discurso en Berlín, “La cultura es existencial mientras que la política es instrumental. Y pienso que es importante que aquellos que tienen la responsabilidad política o de creación de políticas tengan la humildad de reconocerlo”.Pues eso, a aplicarse el cuento.

 

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Esta entrada fue publicada en abril 8, 2014 por en Eventos, Recortes, Unión Europea y etiquetada con .
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