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VOLVER A DONDE TODO EMPEZÓ

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En relación con nuestro último post sobre – lo que a nosotros nos parece una vergonzosa discordancia- las “vallas” y la “diplomacia cultural” de la UE, nos decía un amigo que no debemos olvidar que las decisiones de calado se toman en el Consejo Europeo. Es decir, son los mismos gobiernos nacionales que salen de las urnas y que hemos elegido democráticamente los que las toman y por  tanto, habría que dejar de hablar de la UE como ente abstracto y responsable de todos nuestros males y empezar a poner nombre y apellidos, Hollande, Merkel, o Rajoy.

En estos últimos meses hemos asistido a una de las metodologías más habituales  por parte de  la UE, cuando las cosas se ponen feas de verdad, que no es más que la combinación estratégica del  “patadón pa lante” y  el sálvese quien pueda”.

Así, hemos asistido a las humillantes concesiones con respecto al BREXIT, la vuelta a la construcción de muros físicos (quién nos lo iba a decir en los 90),  y al ridículo más espantoso en el Consejo Europeo del 17 y 18 de marzo con la subcontratación de Turquía de nuestros servicios (in-)humanitarios.

En esta misma situación, pero en el mundo naif de la cultura, los lobbies culturales –  si “eso“ existe- ( IETM, Culture Action Europe, European festival Associacion, ENCACT, etc) han lanzado la campaña “2030 Alliance for Culture and the arts”.

 Este manifesto no incluye nada novedoso, nada que no se haya repetido hasta la saciedad anteriormente, sin embargo, es el momento  en el que se lanza la campaña el que hay que destacar. Nos recuerda de nuevo que a pesar de todo hay que volver a alzar la voz y “gritar” que la supervivencia del proyecto de Europa depende de poder ofrecer respuestas humanistas y humanitarias.

 Una nueva era de “Euroscleorisis” se despliega ante nuestros ojos. Igual que a principios de los 70, las élites políticas y económicas (extremos de la misma cuerda) parecen creer de nuevo que es posible la unión de los mercados financieros exenta de una responsabilidad política, y a espaldas de la  ciudadanía.  Sin embargo, si la UE quiere continuar como “entidad”, como un “actor” relevante en las relaciones internacionales, debe re-encauzar su curso y poner en valor su legitimidad política si quiere ejercer algún tipo de influencia con respecto a la  esfera económica.

 Y la responsabilidad esta vez la debemos asumir todos. Una falta de coherencia generalizada nos lleva a criticar a la UE por sus posturas y luego reclamar a nuestros primeros ministros medidas de contención nacionales. Si bien es verdad que la actual Comisión Juncker se parece mucho a la junta directiva de un hedge fund o de un banco, no hay que olvidar que al igual que podemos cambiar los gobiernos nacionales, se pueden presionar al “europeo”.

 Debemos empezar a trascender lo nacional y poder pensar “a lo europeo”. Entonces, y sólo entonces, podríamos hablar de una Unión Europea diferente,  más real y donde la cultura juegue un papel vertebrador. Así, introduciendo por primera vez en la cultura en los tratados, superó la Unión en los 70 la enfermedad y prosperó. Todo lo demás será intentar construir sobre las ruinas de una institución cuyo sueño se quedó en las playas de Grecia e Italia. Curiosamente, volver a donde todo empezó.

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Esta entrada fue publicada en abril 13, 2016 por en Eventos y etiquetada con .
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